Él cometió el peor de los errores, aún así ella supo esperar, y después de 10 años tuvieron una nueva oportunidad

Las historias de amor no siempre tienen ese final feliz al que estamos acostumbrados,  esta historia que te queremos relatar muestra que,  a pesar de que el amor es la fuerza más poderosa del mundo,  cuando existe un triángulo amoroso,  siempre hay un perdedor.

Anita y Alberto se conocieron hace muchos años,  al principio  Ana parecía que no estaba muy interesada,  pero con el paso del tiempo las atenciones de Alberto fueron ganando cada vez más territorio en su pobre corazón,  y al darse cuenta, Ana ya pertenecía al mundo de los eternos enamorados.  Un año de amor y alegría pasaron juntas esta pareja,  pero con el paso del tiempo,  los rumores de que Alberto estaba comprometido se hicieron cada vez más fuertes hasta que Ana lo confirmó.

Alberto estaba comprometido hace años con su novia de toda la vida y ante las presiones de las dos familias,  este tendría que casarse en poco tiempo.  A pesar de que el corazón de Ana había sido engañado tanto tiempo,  esta decidió darle la oportunidad que quedarse con ella, le suplicó que dejara a su novia y no se casara y así ella podría conseguir una pareja que si la amara de verdad,  pero Alberto tomó su decisión y dejando a Ana sola y con el corazón roto,  se casó con su novia de toda la vida y al año tuvieron su primer hijo.

Ana no pudo sanar estas heridas rápidamente,  pero aun así Alberto desde otra ciudad le suplicaba que volvieran, que si matrimonio era una farsa y que pronto se hubiera de  divorciar.  Ana engañada y enojada decidió perdonarlo pero un par de meses después a pesar de las visitas cada semana,  se enteró de que Alberto y su esposa tendrían a su segundo hijo.  Esta vez Ana lo abandonó para siempre,  se centró en su vida y en crecer personalmente.

Varios años pasaron hasta que Ana volvió a ver a Alberto, por casualidad se encontraban en una cafetería y Ana escuchó con pesar como la cajera le comentaba a Alberto que sentía mucho su situación.  Su esposa lo había dejado porque se había enterado de sus engaños,  llevándose a sus dos hijos para emprender una uña vida.  Ana lo miró,  y siguió de largo, entendió que ni ella ni su esposa estarían mal de nuevo,  el perdedor había sido Alberto quien se había quedado solo y sin amor.  Estas historias nos hacen recapacitar sobre nuestra vida y sobre el amor.  Hay que ser inteligente y muchas veces permitir que la cabeza mande sobre el corazón.

FUENTE: cosas raras

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